miércoles, 18 de junio de 2008


Salí a la calle, vi la luna; me miraba. Su luz llegó hasta mi alma, me ilumina, me purifica. Recuerdo tus ojos, ya cansados, ya tristes. Recuerdo tu boca, bien dulce; con ese sabor que la hace única. El aroma de tu cuerpo, huele a frutillas, dulces y sabrosas. No dejo de imaginarte un sólo segundo de mis días, de tanto imaginarte te veo real; te siento conmigo; sólo cuando en las noches la luna me ilumina, se hace dueña de mis horas y de mis recuerdos.